La altitud vuelve a ocupar un lugar central en la conversación previa al duelo de octavos de final entre México e Inglaterra en el Estadio Azteca; más allá del nivel futbolístico de ambas selecciones, las condiciones geográficas de la Ciudad de México podrían convertirse en un factor que influya en el desarrollo del encuentro.
Ubicada a unos 2,240 metros sobre el nivel del mar, la capital mexicana es la sede mundialista de mayor altitud del torneo, para la Selección Mexicana, acostumbrada a entrenar y competir en estas condiciones, representa una ventaja fisiológica; para los visitantes, especialmente aquellos que llegan con pocos días de anticipación, supone un reto importante.
La razón está en la menor presión atmosférica, y es que aunque el aire sigue conteniendo alrededor de 21 % de oxígeno, la presión parcial de este gas disminuye conforme aumenta la altitud, por lo que el organismo recibe menos oxígeno en cada respiración. Este fenómeno, conocido como hipoxia hipobárica, obliga al cuerpo a trabajar más para mantener el mismo nivel de rendimiento.
Entre los principales efectos en personas no aclimatadas destacan el aumento de la frecuencia cardiaca y de la respiración, una disminución de la capacidad aeróbica, fatiga más rápida y una recuperación más lenta entre esfuerzos intensos, como los constantes sprints y cambios de ritmo que exige un partido de futbol; en algunos casos también pueden presentarse dolor de cabeza, mareos o náuseas.
Diversos estudios sobre medicina deportiva indican que el consumo máximo de oxígeno, un indicador clave del rendimiento físico, puede reducirse entre 1.5 y 3.5 % por cada 300 metros de altitud por encima de los 1,500 metros, lo que limita el desempeño de los atletas que no están adaptados.
La altitud también modifica el comportamiento del balón, al existir menor densidad del aire, este encuentra menos resistencia, por lo que puede viajar a mayor velocidad y presentar trayectorias ligeramente distintas, un aspecto que futbolistas y porteros deben considerar.
La adaptación del organismo no ocurre de inmediato, durante varios días o incluso semanas, el cuerpo incrementa la producción de eritropoyetina, hormona que estimula la generación de glóbulos rojos para transportar más oxígeno.
También mejora la eficiencia respiratoria y circulatoria; sin embargo, especialistas coinciden en que un viaje de apenas unos días no permite alcanzar una aclimatación completa.
En el caso de Inglaterra, reportes de la prensa deportiva señalan que el equipo llegará con poco margen antes del partido, por lo que el tiempo de adaptación será limitado. Incluso integrantes del cuerpo técnico inglés han reconocido que es prácticamente imposible aclimatarse por completo en ese lapso.
Durante el torneo, varias selecciones han tomado medidas específicas para enfrentar este factor; Sudáfrica, por ejemplo, llevó a cabo una concentración en Pachuca, ciudad ubicada a mayor altitud que la Ciudad de México, con el objetivo de facilitar su aclimatación.
Colombia y otros equipos también planificaron estancias en ciudades de altura antes de disputar sus encuentros; en contraste, selecciones como Chequia resintieron la fatiga y las dificultades físicas derivadas de competir sin un proceso adecuado de adaptación.
En términos generales, los equipos europeos y aquellos provenientes de regiones cercanas al nivel del mar enfrentan mayores complicaciones, mientras que las selecciones habituadas a jugar en zonas de altitud media o elevada, como las andinas, suelen adaptarse con mayor facilidad.
La historia respalda el peso del Azteca como una plaza complicada para los visitantes: durante los Mundiales de 1970 y 1986 la altitud ya fue motivo de debate entre jugadores y entrenadores, aunque nunca se consideró el único factor que definió los resultados.
En esta edición de 2026, México también ha sabido sacar provecho de su condición de local en sedes de altura como la Ciudad de México y Guadalajara, manteniendo resultados favorables. No obstante, la preparación física, la estrategia y la calidad futbolística siguen siendo los elementos determinantes.