Mucha visibilidad, poco poder: las funciones reales del secretario general de la ONU

Mucha visibilidad, poco poder: las funciones reales del secretario general de la ONU

Foto: Xinhua

Las declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre su interés en que Gianni Infantino, presidente de la FIFA, se convierta en el próximo secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), ha generado el cuestionamiento sobre qué hace realmente el máximo funcionario del organismo internacional.

 

Y es que, aunque el cargo suele ocupar titulares por las constantes declaraciones, condenas y llamados a la paz emitidos por el actual secretario general, António Guterres, sus atribuciones están lejos de las de un "gobernante mundial".

 

 

En realidad, la Carta de las Naciones Unidas lo define como el "más alto funcionario administrativo" de la organización y su principal responsabilidad consiste en dirigir la Secretaría de la ONU, coordinar el trabajo de miles de funcionarios internacionales, supervisar la ejecución de los programas aprobados por los Estados miembros y presentar un informe anual sobre las actividades del organismo.

 

Sin embargo, el papel más visible del secretario general es el diplomático, el artículo 99 de la Carta le permite alertar al Consejo de Seguridad cuando considere que una situación amenaza la paz y la seguridad internacionales, además de desempeñar labores de mediación conocidas como "buenos oficios", mediante las cuales busca acercar posiciones entre gobiernos enfrentados y facilitar negociaciones.

 

En la práctica, Guterres ha utilizado ese papel para intervenir políticamente en conflictos como la guerra entre Rusia y Ucrania, la crisis en Gaza, las emergencias humanitarias y la lucha contra el cambio climático; no obstante, sus declaraciones no tienen carácter vinculante.

 

La ONU deja claro que el secretario general no puede imponer sanciones, aprobar operaciones militares ni obligar a los países a cumplir sus recomendaciones. Esas decisiones corresponden a los órganos políticos del organismo, especialmente al Consejo de Seguridad, donde los cinco miembros permanentes, que son Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido, conservan el poder real mediante su derecho de veto.

 

¿Quién lo elige?

 

El secretario general es nombrado por la Asamblea General de la ONU, pero únicamente después de que el Consejo de Seguridad recomiende un candidato.

 

Ese procedimiento convierte, prácticamente la elección en una negociación altamente política, ya que cualquiera de los cinco miembros permanentes puede bloquear una candidatura mediante el veto.

 

El mandato dura cinco años y puede renovarse una sola vez. El segundo periodo de António Guterres concluye el 31 de diciembre de 2026, por lo que el proceso para elegir a su sucesor ya comienza a perfilarse.

 

¿Infantino encajaría en el perfil?

 

El dirigente suizo-italiano encabeza la FIFA desde 2016 y anteriormente fue secretario general de la UEFA, durante su gestión impulsó la expansión de las competiciones internacionales y fortaleció los ingresos comerciales del organismo rector del futbol mundial.

 

Entre sus fortalezas figuran la administración de una organización global, la negociación con gobiernos y federaciones deportivas y la construcción de consensos en escenarios internacionales.

 

Sin embargo, su eventual candidatura enfrentaría cuestionamientos importantes, ya que a diferencia de la mayoría de los secretarios generales de la ONU, Infantino carece de una trayectoria en diplomacia internacional, resolución de conflictos, derechos humanos, cooperación internacional o mantenimiento de la paz, temas centrales en la agenda de Naciones Unidas.

 

Además, su gestión en la FIFA ha estado acompañada de críticas por decisiones polémicas y por la cercanía con gobiernos cuestionados en materia de derechos humanos.

 

Por ello, más allá de las simpatías políticas o del respaldo que pudiera recibir de alguna potencia, cualquier aspirante necesita superar el complejo equilibrio geopolítico del Consejo de Seguridad y obtener un consenso internacional poco común.

 

La eventual postulación de Infantino abre un debate sobre el perfil que requiere el máximo cargo administrativo de Naciones Unidas: un diplomático de carrera con experiencia en conflictos internacionales o un gestor global proveniente del deporte capaz de construir acuerdos en un escenario cada vez más polarizado.

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