Durante la menopausia, el aumento de peso suele ocupar buena parte de las preocupaciones sobre los cambios corporales. Sin embargo, la transformación puede ser menos evidente: junto con una mayor acumulación de grasa también puede disminuir la masa muscular, lo que produce efectos colaterales en la fuerza, la movilidad y la vida cotidiana.
Cuando la báscula no muestra todo
De acuerdo con el médico bariatra, David Montalvo, especialista en medicina cannábica, los cambios hormonales del climaterio pueden modificar el apetito, el descanso y la energía disponible. En ese contexto, una mujer puede observar variaciones en su cuerpo sin identificar que parte del cambio corresponde a una pérdida progresiva de músculo.
Esta disminución, conocida como sarcopenia, puede avanzar al mismo tiempo que aumenta la grasa corporal. La menor actividad física puede favorecer ese deterioro, especialmente cuando el cansancio, los dolores musculares o las molestias articulares dificultan conservar las rutinas habituales.
"Puede haber una disminución de la energía disponible, por ejemplo, para la actividad física. Entonces, el disminuir la actividad física junto con la tendencia natural a la sarcopenia puede hacer que esta mujer tenga un importante deterioro de la masa muscular", explicó Montalvo a NotiPress.
Dormir mal también modifica la rutina
El descanso puede convertirse en un obstáculo adicional. Algunas mujeres atraviesan episodios de insomnio o consiguen dormir sin alcanzar una sensación de recuperación completa. Despertar cansadas puede hacer más difícil sostener el ejercicio y reducir el movimiento cotidiano.
A ello pueden sumarse cambios emocionales propios del climaterio. La tristeza, irritabilidad, ansiedad o una mayor sensibilidad pueden modificar la relación con la comida. Montalvo distingue el hambre, asociada con la necesidad de comer, del apetito, que también puede responder al deseo y al estado emocional.
En algunos casos, el consumo de carbohidratos ofrece una sensación temporal de confort. Si el aporte calórico aumenta al mismo tiempo que disminuye el gasto energético, el peso puede elevarse, aunque la experiencia no es idéntica para todas las mujeres.
Obesidad sarcopénica, un riesgo poco conocido
Cuando la pérdida de músculo coincide con exceso de grasa puede aparecer la obesidad sarcopénica. Esta condición puede afectar la movilidad y la calidad de vida, además de asociarse con resistencia a la insulina, hipertensión y colesterol elevado.
Un reporte de 2012 de la Universidad de San Carlos de Guatemala registró una prevalencia de obesidad sarcopénica de 48.5% entre mujeres de 65 a 70 años, frente a 27.4% entre hombres del mismo rango de edad. Pese a ello, el problema continúa siendo poco conocido.
Cuidar músculo además del peso
La alimentación adquiere otra dimensión durante esta etapa. Las necesidades nutricionales pueden cambiar y el objetivo no se limita a reducir porciones o perseguir una cifra en la báscula. El cuidado de la masa muscular también requiere atención.
Entre los nutrientes señalados por Montalvo se encuentran las proteínas, por su papel en el mantenimiento muscular, y el calcio, relacionado con el cuidado de los huesos. El especialista plantea que los ajustes deben responder a las condiciones individuales de cada mujer y realizarse con orientación profesional.
"Los cambios que ya ocurrieron van a continuar porque ya cambió su vida", señala Montalvo. No obstante, la adaptación de la alimentación y la actividad física pueden pasar a ser parte de una etapa en la que el cuerpo enfrenta necesidades distintas a las de años anteriores.