La forma de criar a un niño podría reflejarse en su cerebro hasta los 18 años

La forma de criar a un niño podría reflejarse en su cerebro hasta los 18 años

Foto: Notipress, Magnific

La crianza positiva durante los primeros años de vida se relaciona con diferencias en la respuesta cerebral ante las recompensas que pueden observarse durante la adolescencia. Una investigación publicada en la revista Communications Psychology encontró que los niños cuyas madres mostraron mayor apoyo y orientación a los tres años presentaron una actividad neuronal más elevada ante resultados positivos y un incremento más pronunciado de esa respuesta durante su desarrollo hasta los 18 años.

 

El estudio, encabezado por Kaylin Hill, investigadora del Departamento de Psicología de la Universidad de Notre Dame, examinó cómo las experiencias familiares tempranas se asocian con el procesamiento cerebral de las recompensas, un mecanismo relacionado con la motivación, el placer y la satisfacción.

 

Para ello, los investigadores realizaron un seguimiento longitudinal que comenzó con la observación de 465 niños de tres años y sus interacciones con sus progenitores. Las madres representaron el 95% de los adultos participantes, por lo que las evaluaciones se concentraron principalmente en las conductas maternas.

 

Durante la primera etapa, los participantes realizaron seis actividades estandarizadas destinadas a observar las interacciones entre adultos y menores. Entre ellas estuvieron la lectura conjunta de un libro y la construcción de una estructura con bloques.

 

Las sesiones fueron grabadas para evaluar los comportamientos parentales. La crianza positiva se midió mediante indicadores de apoyo, confianza y orientación, mientras que las conductas negativas se identificaron a partir de manifestaciones de intrusión y hostilidad.

 

Los investigadores también recopilaron información sobre experiencias estresantes o potencialmente traumáticas en la primera infancia ocurridas desde el nacimiento hasta los tres años. Esta evaluación incluyó acontecimientos como hospitalizaciones, accidentes, separación prolongada de figuras de apego, pérdida de un progenitor y exposición a entornos inseguros.

 

Cómo cambió la respuesta cerebral entre los 9 y los 18 años

 

Para estudiar la evolución de la actividad cerebral, los científicos realizaron mediciones mediante electroencefalogramas (EEG) cuando los participantes tenían 9, 12, 15 y 18 años. Durante las pruebas, los menores participaron en un juego de adivinanzas en el que podían obtener recompensas económicas por sus aciertos.

 

La actividad registrada permitió evaluar un indicador denominado reward positivity (RewP), una señal neuronal utilizada para medir cómo responde el cerebro ante resultados favorables.

 

Los investigadores analizaron las mediciones mediante modelos estadísticos de crecimiento, con el propósito de identificar diferencias tanto en la intensidad promedio de la respuesta como en su evolución a lo largo de los años.

 

Los resultados mostraron que una mayor presencia de conductas parentales positivas a los tres años se asoció con respuestas cerebrales más elevadas ante las recompensas. Además, estos participantes presentaron un aumento más pronunciado de dicha actividad durante el periodo estudiado, en comparación con quienes habían experimentado patrones de crianza menos favorables.

 

Las observaciones también vincularon las conductas parentales negativas, como la hostilidad, con respuestas menos intensas ante resultados positivos.

 

Hill explicó que una mayor presencia de comportamientos positivos y una menor frecuencia de conductas negativas durante la crianza temprana estuvieron relacionadas con una respuesta cerebral más elevada durante la adolescencia.

 

Qué significa esta relación para el desarrollo emocional

 

El sistema de procesamiento de recompensas del cerebro participa en la forma en que las personas responden a experiencias favorables. Su funcionamiento está relacionado con procesos como la motivación, el placer y la satisfacción, mientras que sus alteraciones se han vinculado con problemas de salud mental, incluida la depresión.

 

Los hallazgos sugieren que las interacciones familiares caracterizadas por el apoyo y la confianza podrían estar relacionadas con trayectorias más favorables de respuesta neuronal durante el crecimiento.

 

Sin embargo, los investigadores señalaron que el estudio identifica asociaciones y no demuestra que la crianza positiva cause directamente los cambios cerebrales observados. Las mediciones de las conductas parentales se realizaron en un único momento y dentro de un laboratorio, mediante actividades que no necesariamente reproducen las relaciones familiares cotidianas.

 

Otra limitación es que las observaciones estuvieron concentradas principalmente en las madres, por lo que los resultados no permiten establecer si las mismas asociaciones aparecen con otros cuidadores.

 

A pesar de estas restricciones, los autores consideran que los resultados aportan evidencia para continuar investigando el papel de las relaciones familiares tempranas en el desarrollo emocional. También plantean la posibilidad de explorar intervenciones preventivas centradas en fortalecer los vínculos entre padres e hijos, especialmente por su potencial relación con la resiliencia emocional durante la adolescencia y la adultez.

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